domingo, 2 de mayo de 2010

La dulce espera que desespera

Una tarde en emergencia de la ex maternidad de Lima donde se empieza a vivir o sobrevivir.



VIERNES 01 DE MAYO, 3:00 pm. Aún no podré comenzar a escribir, mi primer intento por entrar a la maternidad había fracasado, me sentía como una madre primeriza a la cual los médicos habían regresado por falta de dilataciones.



Era día del trabajo y Lima descansaba, pero para mi era eso DIA DE TRABAJO; llegar al lugar donde comienza la vida no fue difícil, de la plaza Italia a la izquierda y luego de nuevo a la izquierda, ingresar por emergencia no es tarea fácil, el hombre que cuida a la maternidad para que el amigo de ajeno no haga de las suyas parece estar en uno de su peores días, su rostro no es el de una persona llena de alegría y ni mucho menos de amabilidad y es que claro a nadie le gusta trabajar el día en el que todos descansan; mientras trata de cuidar la puerta y vigilar que ninguna personilla trate desafiar su poder decidir quien entra y quien no sus ojos se cierran como pequeñas persianas; este tan "amable" sujeto parece conocer solo las palabras sí, no, desconozco mayormente, porque son las únicas que usa para cualquier pregunta que las personas le hagan.



Hoy no hay quien te pueda hacer entrar, ven el miércoles vemos que hacemos.
Es la respuesta que recibí de una de las trabajadoras del área de laboratorio de emergencias de la maternidad. Parece que regresaremos a casa sin siquiera pisar dos metros detrás de la puerta de la maternidad.



MIERCOLES 06 DE MAYO, 4:00 pm. De nuevo el la puerta de la maternidad, esperando que esta vez si tengamos suerte, y parece que si la tendremos. La laboratorista Norma Abrebú, quien en nuestra primera visita muy amablemente nos prometió ayudarnos en esta tarea maternal nos da el encuentro en la puerta de emergencias y nos hace entrar, para suerte nuestra hoy no esta de guardia el tan querido vigilante que atendió nuestra primera visita.
Ingresamos y nos colocan un sello en el antebrazo, todo el que a la maternidad, bueno al Instituto Nacional Materno Perinatal como desde hace el 2001 se ha bautizado a la maternidad de Lima para darle más alcurnia, lleva uno en el antebrazo.



A primera vista esta sala de emergencias es más parecida a una de visita por la tranquilidad que reina, no hay gritos, ni los doctores corren de un lado al otro desesperados por atender a una paciente, a ellas les toca esperar. Casi nueve mujeres luchan en silencio por ser atendidas lo antes posible, tratan por todos los medios de ganar la carrera por una cama y una mejor atención.
Una de las doctoras comenta que se les atiende lo mejor que se puede pero esto es una sala de emergencia y no se puede ser tan delicada con las pacientes porque la atención es rápida, pero esas palabras parecen ser contra decidas por las pacientes que llevan más de dos horas esperando ser atendidas por el único ecógrafo que se tiene en esta sala.



Cerca a la puerta hay dos mujeres, en realidad son casi mujeres porque no deben pasar los 20 años, Cinthia Hilario es una de ellas, tiene 19 años y unos dolores insoportables por los 6 centímetros de dilatación que tienen, pero debe llegar a 9 ó 10 para ser atendida, no esta sola, junto a ella esta su madre que trata de aminorar la desesperación de su hija, pero no será mucho tiempo porque no se podrá quedar con ella ya que ninguna visita se queda dentro. Ella viene desde La Victoria y a llegado hace más o menos dos horas; dice tener suerte porque ya le sacaron la ecografía y recibieron sus papeles del seguro para chequear que estén en orden, ya que sin estos no será atendida; cada seis minutos su rostro se trasforma para darle paso al dolor y la desesperación, y como no estarlo después de todas las historias que le han contado que suceden en la maternidad, que una mujer dio a luz a su niño en medio del pasillo mientras caminaba, hasta de una que fue al baño y alumbro allí; mientras conversa su vientre cae cada vez más acercándose al suelo.



-Que le dijeron de sus papeles- pregunta una obstetra que sale de uno de los consultorios
-Ya los entregue hace rato- responde la joven al lado de Cinthia.



Su nombre es Brenda y también tiene 19 años al igual que su nueva amiga de pañales es madre primeriza; ella ya se paso las 40 semanas oficiales hace 2 y recién en la mañana comenzó con el trabajo de parto; desde Chorrillos vienen ella y sus dolores, soportando el tráfico, los baches y las carreras que emprende la línea 31, dice que se vino en bus para hacer que las dilataciones sean más constantes, y que se dio todo ese viajecito porque en el hospital María Auxiliadora la utilizaban para que los practicantes mejoren lo aprendido en las aulas.



-Hilario Cinthia- llama una de las enfermeras- ¿tienes bata?
-Sí
-Ponte tu bata en el baño de una vez-



Así despedimos a nuestra buena amiga Cinthia que para su suerte y la de su niño será atendida hoy y así su bebé habrá sido uno de los ganadores de una mejor atención. Mientras Brenda todavía espera que le saque una ecografía así como otras mujeres que están sentadas allí. Pensé que podría conversar más de la vida con Brenda pero también había llegado su turno de la ecografía, y así mis nuevas amiga se dirigían a darles la bienvenida a sus niños y darme la despedida a mí.



VIERNES 08 DE MAYO. 3:00 pm.- Hoy Ismael hijo de Cinthia y Anderson, hijo de Brenda están ya en brazos de sus mamás y han sido 2 de aquellos 30 a 50 niños que nacen en el Instituto Materno Perinatal cada día; algún día sabrán que su espera no fue tan dulce y que casi desespera.

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